
Carlos D. Mesa Gisbert
Por encargo del Instituto Nacional de
Estadística
La construcción de la República
La salida del Mariscal Sucre de Bolivia y la presión
del Gral. Agustín Gamarra que tras invadir
el país pretendía la anexión de Bolivia
al Perú, abrió un tiempo complejo y
altamente inestable en el país en el
periodo abril de 1828- mayo de 1829.
Los interinatos del Gral. José María
Pérez de Urdininea y el Gral. José Miguel
de Velasco, dieron lugar a la reunión
de una asamblea general en diciembre
de 1828 que dejó sin efecto la primera
elección del Mcal. Andrés de Santa Cruz
(agosto de 1828) y eligió Presidente
al Gral. Pedro Blanco, cuya tendencia
era aceptar las presiones de Gamarra
y la influencia decisiva del Perú en
el destino de la joven nación. El asesinato
de Blanco apenas cinco días después
de su posesión cambió dramáticamente
el rumbo de las cosas. La asamblea reconoció
la elección original de Santa Cruz y
entregó el mando al Gral. Velasco que
había sido elegido su vicepresidente.
Santa Cruz llegó a Bolivia en mayo de
1829 y el 24 de ese mes fue posesionado
como Presidente constitucional de Bolivia.
Con esta decisión, la tensión entre Gamarra y Santa
Cruz, que reflejaba la posición anexionista
del Perú (Gamarra) y la integracionista
de Bolivia (Santa Cruz) se resolvería
por el segundo camino.
Andrés
de Santa Cruz
Santa Cruz fue el verdadero constructor de la nación.
Hasta su llegada al mando el país estaba
sumido en el desorden, el déficit fiscal
crónico, un ejército incipiente y desorganizado
y una absoluta carencia de base institucional
y legal. El único punto de referencia
era la Constitución bolivariana proclamada
en 1826. Los dos objetivos fundamentales
del Mariscal de Zepita fueron la consolidación
y fortalecimiento del país y hacer posible
la confederación entre Bolivia y Perú.
Entre 1829 y 1835, Santa Cruz emprendió una tarea verdaderamente
titánica. En su gobierno se dictaron
dos constituciones, la de 1831 y la
de 1834 que sustituyeron la concebida
por el Libertador. La tarea de redacción
de códigos inspirados en los códigos
napoleónicos, colocó a Bolivia a la
vanguardia de las naciones sudamericanas
al ser el primer país del continente
en contar con códigos civil, penal,
de procedimientos, mercantil y de minería.
En 1831 creó el departamento de Tarija
que había decidido voluntariamente integrarse
a Bolivia rechazando la opción de formar
parte de la Argentina.
Su obra económica partió de la idea de ordenar el manejo
del erario público votando los presupuestos
en el congreso y manejando el tesoro
con gran escrupulosidad. El ministro
José María de Lara se ocupó de ese trabajo.
Esa sola medida superó los graves déficits
fiscales anteriores. Su política económica
fue inicialmente proteccionista en un
intento de impulsar la industria (particularmente
textil), pero progresivamente fue abriendo
fronteras en la medida en que la producción
local no era competitiva. Fomentó la
producción minera y en particular la
de oro. Creó el primer banco del país,
el Banco de Circulación y varios de
rescate de minerales. Consciente de
la importancia que tenía para el país
una vinculación con el mar, declaró
al puerto La Mar (Cobija), como puerto
franco con un arancel único y lo visitó
personalmente. Regularizó la propiedad
de la tierra en el agro declarando propietarios
a los caciques que demostraran posesión
de por lo menos diez años de sus tierras.
La creación de la moneda feble (acuñación
de moneda con menor ley del metal de
plata) fue a la larga contraproducente,
pues terminó desvalorizando la moneda
boliviana, generando un valor artificial
e inflacionario al circulante. En sus
nueve años y medio de gobierno promovió
dos censos, el de 1831 y el de 1835.
La población bordeaba el millón de habitantes.
En la educación superior creó la primera universidad
en tiempo de la República, la Universidad
Mayor de San Andrés de La Paz (1831)
y luego la Universidad Mayor de San
Simón de Cochabamba (1832).
Su imponente personalidad y la tarea de organizador le
ganó el respeto de naciones europeas
con las que abrió relaciones como Inglaterra
y Francia o americanas como Estados
Unidos.
Si bien el ejército boliviano nació al regularizarse
las fuerzas revolucionarias que nos
dieron la independencia, el verdadero
ordenamiento militar se dio a partir
de 1829 con un reglamento estricto,
la contratación de oficiales extranjeros
como Otto Felipe Braun y otros. En pocos
años su modernización y pertrechamiento
lo convirtió en una de las fuerzas militares
más poderosas de Sudamérica.
La
Confederación Perú-Boliviana
En 1835 Bolivia era una nación respetada en el continente,
organizada y respaldada por leyes modernas,
con una economía estable y poder militar
significativo. En esas circunstancias
Santa Cruz hizo realidad el sueño de
su vida. El Mariscal de Zepita fue el
único gobernante sudamericano que logró
aplicar un proyecto integracionista.
Se basaba en un pasado común, raíces
históricas y culturales que se remontaban
al periodo prehispánico, pre-inca e
inca (el origen mítico del imperio en
el Titicaca) y casi 250 años de historia
colonial bajo el Virreinato del Perú.
Los elementos comunes entre ambas naciones
justificaban sobradamente la idea crucista.
Ante el caos reinante en un Perú dividido, su Presidente
José Orbegoso casi inerme pidió apoyo
a Santa Cruz. Las tropas bolivianas
cruzaron el desaguadero en 1835. Los
triunfos militares de Yanacocha frente
a Gamarra y Socabaya frente a Santiago
Salaverry consolidaron su poder en el
sur, lo que le permitía encarar su gran
proyecto. Para equilibrar el peso específico
de los países confederados dividió al
Perú en dos, norte con capital en Huaura
y sur con capital en Sicuani. Bolivia
mantenía su integridad. Reunió tres
congresos, uno en Huaura, otro en Sicuani
y otro en Tapacarí (Bolivia) que aprobaron
la creación del nuevo estado confederado
y nombraron a Santa Cruz su Supremo
Protector. El 28 de octubre de 1836
se ratificó el pacto de la Confederación
Perú-Boliviana.
Muy pronto surgieron las presiones externas, el dictador
Rosas de la Argentina intentó intervenir
en Bolivia pero sus fuerzas fueron derrotadas
brillantemente por Braun en las batallas
de Iruya y Montenegro. Pero el peligro
más grande venía de Chile. Diego Portales,
ministro del Presidente Fernando Errázuriz,
planteó la tesis de que la única posibilidad
de supervivencia de Chile en el futuro
era la destrucción de la Confederación
que era en todo superior a su patria.
En 1837 Chile declaró la guerra y envió
al Gral. Manuel Blanco Encalada que
desembarcó en Ilo y atacó Arequipa.
Santa Cruz lo rodeó y lo paralizó totalmente.
Ingenuamente, el Protector le perdonó
la vida y le permitió volver a Chile
con un mensaje de paz que el congreso
chileno no consideró. En 1839 el Gral.
Manuel Bulnes desembarcó en el norte
de Lima y derrotó a Santa Cruz en la
batalla de Yungay. La oposición peruana
y boliviana aprovecharon la oportunidad
para hundir la Confederación y derrocar
a Santa Cruz que no pudo volver a Bolivia
ante el golpe de estado protagonizado
por Velasco, que en el colmo de su anticrucismo
envió una carta de felicitación a Bulnes
a nombre del nuevo gobierno boliviano.
La consolidación
de la independencia. Ingavi
Entre 1839 y 1841 Bolivia se sumió en el desorden y en
el peligroso trance de su desaparición
como estado soberano. Velasco gobernó
un país en permanente conmoción. Al
principio el gobierno de la “restauración”
dictó una nueva Constitución (1839)
y oficializó a Sucre como capital de
la república. Enfrentó en su corto periodo
el asedió del Gral. José Ballivián con
fuertes aspiraciones presidenciales
y de los seguidores de Santa Cruz que
impulsaban la recuperación del mando
arrebatado para éste. Ballivián fue
desterrado a Perú y aliado con Gamarra
emprendió una aventura en la que el
peruano alimentaba de nuevo la idea
de anexar Bolivia al Perú. En junio
de 1841 Velasco fue derrocado. Entre
junio y septiembre de ese año los precarios
y breves gobiernos del Gral. Sebastián
Agreda y luego de Mariano Enrique Calvo
(nominalmente el primer Presidente civil
de Bolivia) instalados en Cochabamba,
ambos a nombre del depuesto Santa Cruz,
terminaron ante la imposibilidad del
Mariscal de volver a Bolivia. La fuerza
militar de Ballivián tomó La Paz y proclamó
a su jefe. Pero Gamarra una vez en Bolivia
rompió con Ballivián y amenazó al país.
Velasco desde el sur le ofreció sus
tropas a Ballivián dejando de lado sus
enconos personales y en noviembre de
1841 en los campos de Ingavi, Ballivián
derrotó a Gamarra que murió en combate.
Fue el último intento peruano por lograr
la anexión, este triunfo militar significó
la consolidación definitiva de la independencia
boliviana.
El militarismo.
Entre aristocracia y populismo
Los seis años de gobierno de José Ballivián, descendiente
de una aristocrática familia paceña,
se inscriben en la continuidad de la
línea crucista. Impulsó la educación,
fortaleció las políticas de minería
aumentando los bancos mineros de rescate
y desarrolló una veta de proteccionismo
económico a través del incremento de
impuestos de importación de varios productos,
estos son algunos rasgos que definen
este periodo en el que comenzó el auge
de la producción de cascarilla o quina.
La quina se usaba en el mundo como medicamento
para curar la fiebre terciana y reportó
importantes ingresos al país. También
aparecieron los primeros indicios de
la explotación de guano en el Pacífico.
La obra de Ballivián es fundamental
en la integración del noreste boliviano.
La creación del departamento de Beni
que incluía las misiones de Mojos (1842)
fue un paso fundamental, así como las
exploraciones e investigaciones de ese
territorio promovidas por el Presidente.
El censo de 1845 estableció una población de 1.378.896
habitantes, la inmensa mayoría asentados
a más de 2.500 mts. de altura en las
zonas del altiplano y valles.
Durante su gobierno Arica, igual que en el periodo colonial,
volvió a ser el puerto natural de exportación
e importación de Bolivia, con un tratamiento
preferencial logrado en acuerdo con
el gobierno de Perú.
A lo largo de su mandato, los intentos permanentes de
su enemigo personal, el Gral. Manuel
Isidoro Belzu por derrocarlo, culminaron
en una escalada subversiva en 1847 que
terminó en diciembre con el ingreso
triunfal de Belzu a La Paz. El 23 de
ese mes Ballivián resignó el mando en
la figura del Gral. Eusebio Guilarte
que apenas diez días después, fue derrocado
por el Gral. Velasco quien tras nueve
meses de precaria administración, poco
pudo hacer como no fuera mantenerse
en el mando hasta ser derrotado en diciembre
de 1848 por Belzu en la batalla de Yamparáez.
Belzu marcó un giro en el relacionamiento del gobernante
con su sociedad. Era hostil a la aristocracia
chuquisaqueña y planteó un nuevo lenguaje
que algún historiador ha definido como
“socialismo cristiano”. Se proclamó
defensor de los desposeídos, especialmente
de los artesanos, atacó la propiedad
privada, pero por sobre todo llevó adelante
una política proteccionista radical,
mucho mayor que la de sus antecesores
que en algunos aspectos habían aplicado
políticas económicas eclécticas. Sus
medidas fueron aranceles contra la manufactura
inglesa, leyes que prohibían a los extranjeros
ejercer el comercio y creó monopolios
de producción estatal. La producción
de quina llegó a su momento de mayor
auge hasta convertirse en uno de los
items más importantes de ingreso para
las arcas fiscales. En este periodo
comenzó a renacer la minería que durante
los primeros años de la república había
atravesado una grave crisis. los cambios
tecnológicos en Europa y Estados Unidos,
permitieron la rehabilitación de minas
inundadas y el comienzo aún incipiente
de nuevos procesos industriales. En
1854 se realizó el quinto censo en periodo
republicano, arrojando una población
de 1.544.300 habitantes para un territorio
mayor a los dos millones de km2. Por
todo ello, el Presidente se convirtió
casi en un mito para los más pobres
que lo conocían como el “Tata”
Uno de los más pintorescos episodios de nuestro pasado
atribuido erróneamente a Mariano Melgarejo,
ocurrió en realidad en la gestión de
Belzu. Un incidente surgido por el encarcelamiento
de un comerciante norteamericano, provocó
la intervención del embajador de la
Gran Bretaña que fue expulsado del país,
el móvil básico era en realidad la intransigente
política proteccionista del gobierno,
lo que provocó la ira del imperio británico
y la supuesta frase de la reina Victoria
que tachando a Bolivia del mapa afirmó
“a partir de hoy Bolivia no existe para
el imperio británico”.
Su gestión estuvo signada por la turbulenta inestabilidad.
El Presidente sufrió un atentado protagonizado
por el Cnl. Agustín Morales en Sucre
que casi le cuesta la vida. José María
Linares conspiró constantemente contra
el gobierno, igual lo hicieron Ballivián,
Velasco y el Gral. José María Achá.
Hastiado de estas tensiones, convocó
a elecciones que ganó en 1855 su yerno
el Gral. Jorge Córdoba. Ninguno de los
rasgos esenciales del gobierno de su
mentor cambiaron, ni en la orientación
de proteccionismo económico, ni en una
administración que arrojó un interesante
superavit en el tesoro del país. La
diferencia estaba en la personalidad
más bien débil de Córdoba. Pero es evidente
que las ideas cada vez más proclives
al liberalismo económico comenzaron
a penetrar con fuerza en Bolivia. La
debilidad de Córdoba terminó por doblegar
a su gobierno. Las permanentes intentonas
de Linares culminaron exitosamente en
el triunfo militar de sus tropas sobre
las del gobierno en Cochabamba.
Linares.
Civil, dictador y moralista
El 9 de setiembre de 1857 Linares llegó a la presidencia.
De hecho fue realmente el primer Presidente
civil del país, ya que Calvo tuvo un
paso efímero por la primera magistratura.
Igual que Belzu, Linares impuso su fuerte impronta personal.
Obsesionado por el ascetismo, la moralidad
y la necesidad de orden como norma de
conducta primordial, supeditó todo criterio
a estas premisas y muy pronto se declaró
dictador (setiembre de 1858), con la
idea de que ese era un mecanismo político
indispensable para aplicar su programa
de limpieza ética. Por primera vez desde
el nacimiento de la república consideró
que el ejército era un lastre de gasto
y foco permanente de sedición, por lo
que redujo drásticamente sus efectivos
(de 6.000 a 1.200) y su presupuesto.
Comenzó por dar ejemplo de austeridad
al reducir su salario y el de su personal
de gobierno. Estableció una secante
centralización administrativa a través
de la creación de la caja central de
pagamentos.
Mientras la quina declinaba, la minería se fortalecía
con el uso de las maquinas de vapor,
vagonetas y carriles. Comenzaban a consolidar
su gran poder económico los grandes
mineros de la época, Aniceto Arce, Gregorio
Pacheco y José Avelino Aramayo, cuyo
rol protagónico en política vendría
después de la guerra del Pacífico. En
1857 se descubrieron los primeros depósitos
de nitrato en el Litoral y comenzó el
crecimiento demográfico y económico
de la región, pero el control de este
desarrollo económico estaba en manos
de capitalistas ingleses y chilenos,
no bolivianos.
Linares abrió el camino hacia el librecambismo que fue
una tendencia casi inalterable de allí
hasta el fin de la guerra del Chaco,
si bien su gobierno alentó todavía restricciones
en el comercio del mercurio y la acuñación
de moneda.
Bolivia, que había nacido a la vida independiente con
una mayoría abrumadora de población
quechua-aymara en el área rural del
altiplano y los valles interandinos,
vivía en buena parte del tributo indígena
que en 1860 representaba el 36% de los
ingresos del erario, más del doble que
cualquier otro rubro. El tributo obligatorio
no implicaba ninguna retribución del
estado a las comunidades indígenas,
postergadas y totalmente fuera del circuito
económico del país como no fuera para
pagar sus tributos. La situación de
los indios sin embargo, no había llegado
todavía a su punto más crítico.
La política intransigente de Linares terminó por generar
la conspiración. El fusilamiento de
un sacerdote acusado de corrupción y
las sanciones implacables para las contravenciones
a la ley, dieron lugar a un alto grado
de descontento en los sectores acostumbrados
a medrar del poder.
Entre la
inestabilidad, la dictadura y el librecambismo
Ante la presión del belcismo que acosó sin tregua su
gobierno, el dictador convocó a un congreso
que le aceptara la dimisión y eligiera
a su sucesor, el congreso nunca se reunió,
un golpe de estado (enero de 1861) protagonizado
por sus más estrechos colaboradores,
dio lugar a la primera junta de gobierno
de nuestra historia, integrada por quien
fuera su ministro José María Achá, el
también ministro de origen argentino
Ruperto Fernández y Manuel Antonio Sánchez.
La junta duró apenas tres meses, de
ella fue elegido Presidente el Gral.
Achá quien tomó el mando en mayo de
1861.
La fuerte presión expansionista chilena en el Litoral,
por la instalación de intereses chilenos
y brasileños en la explotación del salitre,
comenzó a generar conflictos de límites
propiciados por Chile para copar la
rica región salitrera y guanera de Mejillones.
Una intención de declaratoria de guerra
del congreso boliviano impulsada por
el patricio Rafael Bustillo no prosperó.
En octubre de 1861 la acción represiva del Cnl. Plácido
Yáñez que a título de sofocar una rebelión
detuvo y encarceló a más de medio centenar
de ciudadanos, entre ellos el expresidente
Córdoba, terminó en una implacable masacre
en la que fueron asesinados el propio
Córdoba y más de sesenta militares y
civiles. Días después, Yáñez fue ajusticiado
por una poblada que lo linchó en la
misma plaza principal de La Paz.
La política agraria tuvo un importante giro con el decreto
de 1863 que apelaba a la legislación
de 1825 y 1831, que reconocía la propiedad
de la tierra por parte de los indígenas,
aunque establecía que las tierras libres
se podían subastar. Los diezmos fueron
sustituidos (1861) por un impuesto territorial.
Después de las elecciones de 1862 que ganó en medio de
acusaciones de fraude, Achá quiso convocar
a elecciones libres en las que debían
participar las principales facciones
políticas, los “rojos” influidos por
las ideas del linarismo y los populistas,
fanáticos seguidores de Isidoro Belzu.
La ascendente figura del Gral. Mariano Melgarejo, hombre
violento, primario y de impulsos temerarios,
con fuerte ascendiente en el ejército,
culminó en diciembre de 1864 con la
toma del cuartel de los húsares que
desató la rebelión total y la caída
de Achá. Melgarejo gobernó seis largos
años. Más allá de sus características
personales que implicaron la aplicación
de la arbitrariedad dictatorial y la
frecuencia de episodios bochornosos
transformados en insólitas anécdotas
que han hecho historia, Melgarejo fue
respaldado por la elite minera en pleno
ascenso, aplicó de manera franca una
política económica librecambista con
libertad plena para las exportaciones.
Ejercitó una política agraria que marcó
la destrucción sistemática de la propiedad
de las comunidades originarias, que
había respetado incluso la colonia española.
En 1866 estableció que las tierras debían
consolidarse mediante un pago de entre
25 y 100 pesos, si este pago no se cumplía,
las tierras indígenas pasaban a propiedad
del estado en un plazo de sesenta días.
Esta determinación fue el comienzo del
más grande despojo de tierras de comunidad
en toda la historia republicana.
La espectacular expansión del crecimiento mundial y los
cambios tecnológicos trajeron consigo
un impacto directo de inversión externa
en la costa boliviana, lo que determinó
que por primera vez un gobierno boliviano
recibiera ofertas concretas de inversión
que implicaban concesiones de derechos
y aún de territorio a cambio de ingresos
sin antecedentes en las rentas del país,
estancadas por décadas. Esto condujo
al nefasto tratado de 1866 en el que
Bolivia aceptaba la explotación conjunta
con Chile recibiendo al 50 % las riquezas
obtenidas que eran bolivianas en su
integridad. En 1867 firmó con Brasil
un tratado por el que cedía el acceso
directo al río Madeira y perdía una
superficie de casi 300.000 km2.
A favor de este gobierno hay que reconocer la inserción
de maquinaria de vapor, por ejemplo
en el trabajo de la Casa de la Moneda
de Potosí.
En 1865 se produjo el mayor levantamiento contra Melgarejo,
liderado por Belzu quien logró copar
La Paz y tomar triunfante el palacio
de gobierno donde se hallaba Melgarejo.
En un confuso episodio, Melgarejo o
uno de sus hombres disparó contra el
caudillo triunfante y lo asesinó, revirtiendo
la situación en su favor, lo que le
permitió mantenerse en el poder hasta
1871.
La extrema violencia de Melgarejo que había sido acompañado
por su “super ministro” Mariano Donato
Muñoz en la aplicación de su política
económica, terminó por aislarlo totalmente.
En noviembre de 1870 se produjo un levantamiento
comandado por el Gral. Agustín Morales
y el Dr. Casimiro Corral. Tras largas
escaramuzas, en enero de 1871 Melgarejo
fue derrocado y Morales accedió al mando.
Morales, hombre de carácter inestable, condujo una política
plenamente liberal en el tratamiento
a la minería, al punto que anuló el
monopolio del estado en la exportación
de la plata, cuya importancia era cada
vez más creciente en la economía nacional.
Eliminó la moneda feble que el estado
había mantenido desde los tiempos de
Santa Cruz y como consecuencia de ello
creó el Banco Nacional con el objetivo
de reorganizar el sistema monetario
nacional.
La política agraria de Morales por iniciativa de Casimiro
Corral, revirtió las disposiciones de
Melgarejo. En 1871 se restituyó la propiedad
indígena, sin trámites ni pago alguno,
tal como estaba antes de los decretos
de Melgarejo. La medida duró poco por
las determinaciones de los sucesivos
gobiernos liberales.
Como otros muchos gobiernos de facto que le antecedieron,
Morales hizo aprobar una nueva Constitución
(1861) y convocó a elecciones que ganó.
En 1872 su sobrino Federico Lafaye,
a quien había vejado en el salón rojo
de palacio de gobierno, le descerrajó
dos tiros y le quitó la vida. Reunido
de emergencia, el parlamento nombró
Presidente constitucional interino a
Tomás Frías.
Frías, cuyo espíritu legalista era muy evidente, aceptó
el mando con el único objeto de convocar
a elecciones generales y gobernó solo
cinco meses. Las elecciones de 1873
fueron las primeras en la que realmente
puede hablarse de pluralidad. Aunque
el sistema electoral era de voto restringido
-no podían votar las mujeres ni los
analfabetos y no podían ser electos
quienes no tuvieran una determinada
renta- hasta entonces las elecciones
habían sido un simple formalismo para
legitimar gobiernos de facto o respaldar
a los candidatos oficiales. Compitieron
el Cnel. Adolfo Ballivián y el Dr. Casimiro
Corral. Sobre 16.674 votos emitidos,
Ballivián obtuvo el 38,6 % y Corral
el 33,7 %. Por primera vez el parlamento
tuvo que elegir Presidente al no haber
obtenido ninguno mayoría absoluta. Los
congresales ratificaron el triunfo por
mayoría relativa de Ballivián.
En este breve periodo se ratificó un tratado secreto
de defensa entre Bolivia y Perú que
se había negociado en 1872 y que sería
clave en el conflicto que se avecinaba.
El mandato de Ballivián fue breve, un
cáncer acabó con la vida del Presidente
apenas ocho meses después de haberse
posesionado. Representante de la elite
criolla, el Presidente buscó obtener
un crédito en Europa que le permitiera
reestructurar la diversidad de deudas
contraídas por anteriores gobiernos.
Uno de los objetivos era también comprar
dos blindados que pudieran inaugurar
la armada boliviana sin presencia alguna
en el Pacífico, ambas ideas fueron desechadas
por el congreso que fue cerrado por
el Presidente. La caída de la plata
ante la creciente adopción del patrón
oro, condujo a eliminar casi todo gravamen
sobre este mineral, favoreciendo los
intereses de los empresarios mineros.
A la muerte del Presidente volvió al mando Tomás Frías
por el mecanismo de sucesión establecido
en la Constitución, que hacía Presidente
al presidente del consejo de estado.
Frías enfrentaba una debilidad intrínseca
al no contar con el respaldo militar
y al no estar totalmente integrado con
las elites de la minería, pero en lo
relativo al problema agrario la posición
de su gobierno ratificó el carácter
de las leyes de Melgarejo. En 1874 sobre
el argumento de la necesidad de modernizar
y mecanizar la producción agrícola del
país, en el más puro ideario liberal,
Frías ratificó la propiedad indígena,
pero estableció el concepto de propiedad
individual, la necesidad de refrendar
esa propiedad con un título, su capacidad
de venta y transacción y la instalación
de una revisita que establecería las
características exactas de propiedad.
Durante todo este periodo se ofrecieron inversiones en
el Litoral como el contrato Church o
el López Gama para la construcción de
un ferrocarril o la supuesta inversión
de dos millones de libras esterlinas,
que nunca se concretaron. Las concesiones
de explotación minera en la mayoría
de los casos no reportaron beneficio
alguno al estado y fueron frecuentemente
negociados.
Cuando se preparaban elecciones para 1876, el Gral. Hilarión
Daza que había sido protegido de Frías
desencadenó un golpe de estado y se
hizo del poder. Frías dejó el mando
sin oponer resistencia alguna.
La guerra
del Pacífico
El gobierno de Daza coincide con uno de los momentos
más dramáticos de toda la historia boliviana,
el conflicto bélico del Pacífico desencadenado
por los intereses expansionistas de
Chile, la presencia mayoritaria de súbditos
chilenos en nuestro territorio, la dificultad
de vinculación de nuestra costa con
el centro político económico ubicado
en las alturas de los Andes, los voraces
intereses del imperialismo inglés ligado
a capitales y políticos de Chile y la
sucesión de tratados que fueron aprovechados
por Chile para sacar ventajes en la
región. La decisión del gobierno de
Daza -atribulado por una espantosa sequía
y una epidemia de peste que azotaron
el país y lo dejaron desabastecido-
de imponer un impuesto de 10 centavos
por quintal de salitre exportado, fue
el detonante del conflicto. Chile apelando
a un tratado de 1874 que eximía a las
empresas exportadoras de todo gravamen,
decidió la invasión de Antofagasta el
14 de febrero de 1879.
Los derechos bolivianos sobre el Pacífico vienen de
la etapa prehispánica, probada por la
presencia de Tiahuanacu en el Litoral
y la expansión incaica posterior. El
virreinato del Perú definió claramente
sus límites al sur en el paralelo 25
a la altura del Paposo (valle de Copiapó).
Este límite fue heredado por Bolivia
como consta en toda la cartografía internacional
de la época. La superficie del Litoral
era de aproximadamente 120.000 km2.
Si bien era parte del departamento de
Potosí, tenía un estatus equivalente
al de un departamento al tener su propio
prefecto. Su capital era Cobija, pero
sus centros más importantes eran Antofagasta
y Caracoles. En el momento de la guerra
su población aproximada era de 15.000
habitantes. Los productos fundamentales
de la región eran el guano, el salitre
y la plata, verdaderos móviles del conflicto.
Militarmente Bolivia tenía una gran desventaja, ausencia
absoluta de naves de guerra en el mar.
La invasión de Antofagasta fue muy fácil,
Bolivia carecía de fuerza militar allí
y la mayoría de la población era de
origen chileno. El 26 de febrero, anoticiado
el gobierno del hecho se aprestó a organizar
la defensa. El rápido avance de Chile
al interior del territorio determinó
la heroica acción de Eduardo Abaroa,
Ladislao Cabrera y un puñado de bolivianos
en Calama. El 23 de marzo de 1879, un
destacamento de medio millar de tropas
chilenas atacó el pueblo defendido por
algo más de un centenar de bolivianos.
Abaroa defendió el pequeño puente del
río Topater, ofrendando su vida en esa
defensa.
El embajador boliviano Serapio Reyes Ortiz viajó a Lima
para pedir la ejecución del tratado
secreto de defensa mutua de 1873. Chile
declaró la guerra al Perú que entró
en el conflicto. Durante todo 1879 la
campaña en el mar tuvo como gran protagonista
al monitor peruano Huáscar y a su intrépido
almirante Miguel Grau, que durante seis
meses jaqueó a la armada y a los puertos
chilenos con varias acciones exitosas,
entre ellas el hundimiento del barco
chileno Esmeralda. Finalmente en octubre,
todos los barcos de guerra de Chile
persiguieron y hundieron al heroico
Huáscar, acción en la que murió Grau.
Esa derrota fue decisiva para el control
del mar por parte de Chile. En noviembre
los chilenos atacaron Pisagua, puerto
peruano defendido por tropas peru-bolivianas.
La toma de Pisagua abrió la brecha del
ataque a territorio del Perú.
El Presidente peruano Mariano Ignacio Prado tomó el
mando general de las acciones. Hilarión
Daza se trasladó a Tacna con un contingente
de 6.252 efectivos. Seis meses después
de un tedioso estacionamiento en esa
ciudad, Daza se movió para apoyar al
Gral. peruano Buendía en la defensa
de Iquique. Extrañamente a medio camino,
en un lugar llamado Camarones, el contingente
boliviano se detuvo y retornó a Arica.
Esta defección aún inexplicable, minó
seriamente el prestigio del Presidente
boliviano y fue un duro golpe a la moral
de los aliados. Buendía fue derrotado
en la batalla de San Francisco en la
que casi 11.000 aliados enfrentaron
a 6.500 chilenos parapetados en las
alturas de una colina que no pudo ser
tomada, a pesar de los bravos esfuerzos
de algunos contingentes aliados por
tomar la plaza.
Pocos días después en Tarapacá los aliados se anotaron
el único triunfo importante de la contienda,
al derrotar sin atenuantes a 4.000 soldados
chilenos a quienes obligaron a retirarse,
tras dejar centenares de muertos y heridos
en el campo. En tanto, el Gral. Narciso
Campero organizó en Bolivia la quinta
división para apoyar las operaciones
aliadas en el desierto de Atacama. Entre
octubre de 1879 y enero de 1880 la división
recorrió errática más de 1.000 km.,
con un triunfo aislado en Tambillos
y la inexplicable decisión de no atacar
Calama.
Pero la retirada de Camarones y el desastre de San Francisco
decidieron la suerte de Prado y Daza.
El peruano marchó a Europa con el peregrino
argumento de que iba a comprar algunos
blindados para su armada. A los pocos
días fue derrocado por Nicolás de Piérola.
Daza fue depuesto en Arica por los coroneles
Lizardo Montero del Perú y Eliodoro
Camacho de Bolivia. El profundo descontento
popular por los resultados bélicos llevó
al país a la confusión, una junta de
gobierno organizada en La Paz por Uladislao
Silva pretendió hacerse del poder sin
éxito. Tras varias escaramuzas, finalmente
primó la razón y esa misma junta decidió
nombrar como Presidente provisional
al Gral. Campero precedido de un gran
prestigio por su formación académica
militar en Francia. Campero llegó a
Tacna como jefe supremo del ejército
aliado y emprendió camino para enfrentar
a los chilenos en el llamado Alto de
la Alianza, el punto clave de defensa
de la ciudad de Tacna. Fue la mayor
confrontación militar del desierto,
19.000 efectivos chilenos enfrentaron
a 12.000 aliados el 26 de mayo de 1880.
La intervención valiente de los regimientos
Colorados de Bolivia, Murillo y Zapadores
no fue suficiente para frenar la ofensiva
chilena en la que la caballería de Yavar
tuvo un papel decisivo. Más de 5.000
hombres entre muertos y heridos quedaron
regados en el campo. Los aliados fueron
derrotados y Tacna tomada. El ejército
boliviano se replegó a las montañas
y Bolivia se retiró de la guerra. Chile
tomó Arica e invadió Lima. La guerra
terminó en 1883 después de casi un año
y medio de intervención chilena al Perú.
Bolivia perdió su acceso soberano al
océano Pacífico y todo el territorio
del Litoral que fue ocupado por Chile.
La República
oligárquica. Los conservadores
La derrota en el Pacífico y la mutilación de nuestro
brazo territorial con acceso al mar
causó una herida que Bolivia no pudo
cerrar hasta hoy, con un daño económico
incalculable, pero además cortó nítidamente
la historia de nuestro siglo XIX. El
periodo de inestabilidad crónica y el
militarismo recurrente fueron sustituidos
por un nuevo proyecto de estado. La
elite dominante decidió organizar la
nación sobre el modelo demoliberal y
tomar directamente las riendas del poder.
Así nació lo que se ha denominado el
estado oligárquico. Este cambio tenía
que ver con la consolidación del poder
minero de la plata, que implicó una
opción de recuperación económica después
de un largo periodo de depresión y estancamiento
(1840-1880).
El 26 de mayo de 1880, significativamente el mismo día
de la derrota final de Bolivia en el
Alto de la Alianza, se reunió la convención
que cambió el destino boliviano. Hombres
como Arce, Pacheco, Mariano Baptista,
Severo Fernández Alonso, Nataniel Aguirre,
Belisario Salinas o Modesto Omiste,
aprobaron una nueva Constitución, la
décimo primera del país, que en realidad
era la ratificación, salvo un artículo,
de la aprobada en el gobierno de Daza
en 1878. Este texto marcaba la reafirmación
liberal de la vocación de las elites.
Conceptualmente individualista, mantuvo
el criterio de los derechos y garantías
de la persona y subrayó el derecho sagrado
de la propiedad privada. Recuperó la
figura vicepresidencial, incluyendo
dos vicepresidencias y el sistema bicameral.
Pero la trascendencia de la Constitución
del 80 la determinaron los hechos. Ha
sido la Constitución con mayor vigencia
en nuestra historia (1880-1938), salvo
las modificaciones puntuales de 1921
y de 1931. Esa misma convención eligió
Presidente constitucional a Narciso
Campero que hasta entonces ocupaba el
cargo provisionalmente.
La fuerte vinculación de los mineros de la plata con
capitales chilenos, determinó dos líneas
de razonamiento, la necesidad de cerrar
la página de la guerra en la línea del
pacifismo y tomar una postura de acercamiento
a Chile para intentar sacar ventajas
pragmáticas de esa situación. La otra
línea defendida por un sector del país
representado en el parlamento, sostuvo
la postura guerrista que se fue diluyendo
en gran medida por la evidente inferioridad
de condición económica y militar de
Bolivia con relación a Chile.
Este momento coincide también con el nacimiento de los
partidos políticos como estructuras
organizadas. El gran ideólogo del periodo
es Eliodoro Camacho que estableció de
manera orgánica los principios del ideario
liberal, que serían la base ideológica
de los partidos hasta la guerra del
Chaco. Libertad política, económica
e individual era el trípode de esas
ideas. La confrontación entre liberales
y conservadores era de facciones personales,
de grupos de poder, de intereses económicos
y de región. Los conservadores eran
conocidos entonces como demócratas (Pacheco)
y constitucionales (Arce) y representaban
intereses individuales, que resolvieron
en la elección de 1884 el poder de la
plata y la fuerza del sur. Los liberales
de Camacho tenían mucha mayor unidad
ideológica, terminarían representando
el poder del estaño y los intereses
del norte (La Paz-Oruro).
La tarea de Campero fue el restañamiento de las heridas
económicas dejadas por la guerra, la
sequía y la peste, recuperación que
tuvo que ver con la modernización del
sector minero y el auge de los precios
internacionales de la plata. Las elecciones
de 1884 llevaron al poder a Pacheco.
Fue una contienda reñida con otro minero,
Aniceto Arce. El poder económico de
los mineros pudo más que el liberalismo,
pero fue una elección relativamente
libre dentro del marco del voto restringido
(40.000 votantes en un país de 1.600.000
habitantes). El congreso ratificó a
Pacheco, que había ganado por mayoría
relativa. Por primera vez en la historia
un gran empresario ocupaba el solio
presidencial.
La disminución de la importancia del tributo indígena
para el erario, facilitó la política
de expoliación de las tierras de comunidad
iniciada por Melgarejo, se abrió la
economía extractiva al mercado mundial,
tanto para la exportación de productos
como para la importación de capital
y tecnología. Esta realidad implicó
también un proceso de modernización
relativa en el ámbito urbano a partir
de la llegada del ferrocarril, la energía
eléctrica y el telégrafo. La minería
dio el salto básico de su modernización
técnica y de producción que no se detendría
hasta mediados del siglo XX. Pero ni
el gobierno de Campero ni el de Pacheco
pudieron equilibrar el déficit fiscal,
sino hasta el postrer año de administración
de este último.
En
las relaciones internacionales, Bolivia
firmó un pacto de tregua con Chile que
era el preanuncio del acuerdo de 1904.
El enclaustramiento obligó a buscar
otras rutas de salida para Bolivia,
la exploración del Chaco y la expedición
que unió Tarija con Asunción tuvieron
que ver con esa idea. Un debate que
dividió a conservadores y liberales
fue la cuestión religiosa, ya que los
liberales apoyaban la libertad de cultos
y el derecho a la libre conciencia.
Las elecciones de 1888 mostraron la obvia preferencia
y manipulación del oficialismo por el
candidato Arce que había hecho un “pacto
de caballeros” con Pacheco para garantizar
su presidencia. Arce fue sin duda la
gran figura de los conservadores, su
energía creadora y su decisión de llevar
adelante sus ideas contra cualquier
obstáculo, permitió que pudiese consolidar
la inserción boliviana en el mercado
internacional con la creación de bancos
como los dos hipotecarios y la promulgación
de la primera ley de bancos. Pero la
obra magna de Arce fue la construcción
del ferrocarril entre Ascotán (límite
con el departamento de Litoral en poder
de Chile), que conectaba con el construido
hacia Antofagasta por la compañía salitrera
de Antofagasta y tenía su destino final
boliviano en Oruro. El ferrocarril permitía
mayor eficiencia de exportación de los
minerales bolivianos, en buena parte
de propiedad del propio Arce, pero la
línea férrea no se detuvo en Huanchaca
sino en Oruro. El 15 de mayo de 1892
el Presidente remachó el último clavo
de la riel en la estación de Oruro,
a pesar de la fuerte oposición de quienes
decían que esa línea era el mejor camino
para la invasión chilena. Fue uno de
los pasos decisivos hacia la modernización
y vinculación externa de Bolivia. Obsesionado
por la vinculación interna trabajó en
la carretera Sucre-Potosí y Sucre-Cochabamba,
la obra mayor en estas vías fue el hermoso
puente Arce. En 1889 se instaló la primera
línea telefónica.
En 1892 fue electo en las condiciones más irregulares,
con persecución de parlamentarios opositores
y una aprobación ilegitima en el congreso,
Mariano Baptista. En 1894 al retorno
de Daza para justificarse ante el país,
se produjo su asesinato en Uyuni, hecho
que nunca pudo esclarecerse. En 1895
se firmó un nuevo tratado con Chile
que reconocía soberanía de ese país
sobre el Litoral usurpado y en el que
Chile se comprometía a ceder un puerto
soberano a Bolivia. El gobierno se preocupó
por la educación técnica en coordinación
con la iglesia a través de las escuelas
de artes y oficios.
En 1896 los conservadores se reprodujeron en el poder
bloqueando toda posibilidad liberal,
con la elección de Severo Fernández
Alonso, esta vez frente al Cnl. José
Manuel Pando que sustituyó como candidato
a Eliodoro Camacho. A Alonso le tocó
enfrentar el dislocamiento entre norte
y sur. Un año antes de la hecatombe,
en 1897 se exhibió la primera película
cinematográfica en La Paz.
La guerra
federal
En 1898 la aprobación de la ley de radicatoria que forzaba
al Presidente a permanecer en Sucre
y pedir autorización para salir de la
capital, fue el detonante de una confrontación
que esperaban La Paz y los liberales.
Una junta organizada en La Paz declaró
el federalismo. Alonso partió a Oruro
para sofocar la rebelión. Los federales
fueron comandados por Pando, quien de
modo audaz se alió con los indígenas
aymaras liderados por Pablo Zárate Willka.
La guerra dejó un saldo de por lo menos
1.300 víctimas entre muertos y heridos.
Las tropas chuquisaqueñas cometieron
abusos muy graves, como la masacre de
90 indígenas en Santa Rosa. En Corocoro
fueron hostigados y expulsados cuando
intentaban pertrecharse. En enero de
1899 Pando derrotó a Alonso en la batalla
del primer crucero y lo obligó a desistir
de su idea de atacar La Paz. Los saldos
del ejército de Alonso fueron masacrados
sin piedad por los comunarios aymaras
en Ayo Ayo, el episodio que recuerdan
con mayor sentimiento en Chuquisaca.
Pero el hecho más terrible fue el de
Mohoza, pueblo en el que 130 efectivos
del ejército liberal de Pando que a
pesar de ser aliados, fueron masacrados
por los indios al mando de Lorenzo Ramírez.
En abril, en las proximidades de Oruro,
en la batalla denominada del segundo
crucero Pando derrotó definitivamente
a Alonso, hecho que lo obligó a renunciar
a la presidencia. 4.000 combatientes
se enfrentaron allí. La actuación de
Zárate y sus hombres fue decisiva para
la victoria. La evidencia de que los
indios tenían su propio proyecto de
una gran insurrección reivindicando
sus derechos sobre la tierra, hizo que
Pando se deshiciera de Zárate a quien
apresó junto a otros líderes indígenas.
Zárate fue muerto en extrañas circunstancias
en 1903. La junta integrada por Pando,
Serapio Reyes Ortiz y Macario Pinilla,
gobernó entre abril y octubre de l899.
La bandera federal se arrió casi tan pronto como se
había izado. Los liberales tomaron el
poder y La Paz se convirtió de hecho
en sede de gobierno. En octubre de 1899
Pando fue elegido Presidente por la
convención nacional en Oruro.
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Fuente:
Instituto Nacional de Estadística (INE)